SOBRE LA EDUCACIÓN DE NUESTROS HIJOS

All in all it’s just another brick in the wall”
(Pink Floyd, grupo británico de rock, del álbum “The Wall” editado en 1979)

Tengo dos hijos… Son lo mejor de mi vida y mi talón de Aquiles. Gracias a ellos puedo decir que sé lo que significa amar incondicionalmente a alguien que no seas tú mismo.

Mi hija mayor tiene 14 años (cumplidos el día de San Valentín) y mi hijo tiene 10 años, y ahora en octubre hará los 11. Son criados de la misma forma y totalmente diferentes. Diría que casi son 180º diferentes… ella ha acabado 2º de la ESO, y él 5º de Primaria.

Este año ha sido un curso difícil con eso del confinamiento y las clases “online”. Les ha quemado. Porque a pesar de todo, un curso debe ser concebido en “online” para poderse dar en “online”, y éste no ha sido el caso. Se ha salido del atolladero en el que nos han metido a todos… pero si esto va a ser la tónica del curso venidero, deberíamos pensar cómo hacerlo.

En casa, mi mujer y yo nos encargamos, con mejor o peor éxito según tengamos el día, de cubrir sus necesidades mientras ellos realizan los deberes. Al final somos también humanos y nuestros trabajos nos exigen mucha dedicación y compromiso. Creemos que la escuela enseña conocimientos y en casa se educa a la persona. Cada cual debe hacer su papel. A veces, uno puede complementar en algo al otro, pero no substituirlo. Evidentemente, ambos deben estar más o menos alineados para no crear incongruencias.

Mi especialidad suelen ser más las materias de “ciencias” … aunque ya no sé si todavía se llaman así. Han pasado tantas leyes nuevas desde que dejamos el colegio que ya no sabría decir cómo se denominan hoy en día

Desde que en España hay democracia, ha habido 7 leyes educativas diferentes. Es decir, 7 leyes en unos 35 años, o una Ley educativa cada 5 años.

Pero lo curioso de todo es que, a pesar de todas las reformas y contrarreformas habidas nuestros hijos siguen estudiando las mismas materias de la misma forma aburrida de siempre.

Cuando me pongo con ellos a repasar, por ejemplo, matemáticas, me doy cuenta de lo poco motivadora que se hace la asignatura tal como está concebida desde hace al menos los últimos 50 años.

Mi hijo de 10 años me dice que para qué sirve saber si los números son primos y complejos, o los ángulos se llaman rectos u obtusos, o para qué es necesario saber si la propiedad asociativa se aplica en la suma o la conmutativa en la multiplicación… mientras que mi hija de 14 años, en plena efervescencia hormonal, me plantea el porqué ha de saber cómo hacer un análisis morfosintáctico de una frase. Y lo peor es que mi hijo de 10 años en cambio no sabe dividir por cifras de dos dígitos, ni aplicar las operaciones básicas en un problema común, y mi hija escribe los chats de Instagram en una jerga ininteligible para cualquier mortal de nuestra generación.

¿Los estamos motivando?

No me motiva ni a mí… Yo siempre utilizo Google ante cualquier duda (“Google is God” les digo), y calculadora para cualquier operación por muy simple que sea, y chateo escribiendo sujeto, verbo y predicado.

Estos días he leído un artículo sobre unos emprendedores que han lanzado una App para ayudar a estudiar matemáticas de un modo totalmente diferente. El artículo se encabeza con el refrescante título: “Adiós al cuaderno de cálculo, hola a unas nuevas matemáticas”.

Desde Pitágoras (s.VI a.C.), las matemáticas hace siglos que son lo mismo… pero la forma de enseñarlas no. Los emprendedores del artículo dicen que debería haber otra forma de aprender matemáticas para que además de saber sumar, restar, multiplicar o dividir, los niños entendieran el porqué de esas operaciones, y no sólo a memorizarlas. “Queremos acabar con los niños calculadora” y desmecanizar el método”. Siguen diciendo que, “el objetivo es dar estrategias a los niños frente al futuro incierto al que deberán enfrentarse”. Y ellos exponen como ejes vertebradores del método, la lógica, la creatividad y la capacidad de comunicación.

En los informes PISA, que cada 3 años evalúa las competencias de los estudiantes de 15 años dentro de la OCDE, España siempre va perdiendo puestos. Y no me extraña. Hasta a mí me aburre ver lo que deben estudiar. Recuerden: lógica, creatividad y capacidad de comunicación. ¿están los planes académicos ajustados a esas premisas?… en general creo que no.

Memorizar los ríos de España o las capitales del mundo… cuando no sé donde estoy, llamo a mi amigo Google y le pregunto. O cuando organizo un viaje pregunto a mi amigo Google para que me dé información sobre el lugar: historia, geografía, costumbres, cultura (museos, restaurantes, …), movilidad, moneda, idioma, … “Google is God”.

Me dicen que hay que practicar la memoria. Yo no tengo memoria… o más bien dicho… tengo una fenomenal memoria selectiva… me quedo con lo que me interesa y el resto lo desecho. ¿Por qué debo vincular mi futuro a memorizar los ríos de España?

Nuestros hijos son capaces de gestionar un motón de megabytes por segundo sin pestañear… cosa que a nosotros nos colapsa las neuronas y nos deja inservibles para una semana. Para recuperarlas necesitamos terapias de mindfulness, psicoterapeutas, sesiones de pilates y alguna que otra cosa más.

Ellos mueven sus dedos por los teclados a una velocidad por encima de la de la luz, que para los que no la hubieran memorizado antes o no tengan a mano Google es de 300.000 Km/s.

Se les critica que no saben jugar como se hacía antes… ¿y cómo se jugaba antes?… al parchís y a la oca ahora lo hacen “on-line”.

El proceso es el mismo pero el canal utilizado ha cambiado por completo y la educación que se les está dando ha quedado tan obsoleta como el Concilio Vaticano II.

Este año, el confinamiento, he seguido más de cerca lo que aprendían mis hijos en clase. Era como si hubiera estado sentado en las filas de atrás de sus clases viendo qué pasaba. Una de esas experiencias que sólo se dan en casos extraordinarios. Y el confinamiento es lo que ha tenido. Mientras yo tele trabajaba, mis hijos estaban sentados al lado tele-estudiando.

Asistir al colegio con ellos y ver las clases y materias que dan, y de la manera que las dan, ha sido soberanamente aburrido. A veces he tenido la sensación de que daban algo porque había de cubrirse el expediente y “tocaba”. Hasta he sentido el soberano aburrimiento de muchos profesores enseñando la materia que les exigía el currículum sin más pena ni gloria que la de pasar la hora que debían dar.

Y algo que por principios no puedo hacer es obligar o convencer a alguien sobre algo en lo que no creo… y menos a mis hijos. Y al final he tenido que tirar del argumento de: “hijos míos, esto es una soberana chorrada, pero si queréis sacaros el título para luego poder hacer aquello que os guste, debéis pasar por el aro y aprenderlo. Al menos para aprobar el examen y luego lo olvidáis (memoria selectiva) … ya que no os servirá de nada”.

Les estamos enseñando a pasar por el aro y que no les haga daño. No estamos motivándolos a seguir sus instintos. No los estamos ayudando a descubrir sus intereses. No los estamos instruyendo a mejorar el mundo que les dejaremos, sólo a aguantarse por lo que hay.

No me extraña que los chavales acaben hartos de perder tanto tiempo, el tiempo que hoy en día se valora en nanosegundos de información yendo de un lado a otro del planeta.

Y mientras escribe este artículo, oigo el “Another brick in the wall” de Pink Floyd… ¿lo recuerdan?…

 

We don’t need no education

(no necesitamos educación)
We don’t need no thought control

(no necesitamos control mental)
No dark sarcasm in the classroom

(no sarcasmo oscuro en la clase)
Teachers leave them kids alone

(profesores, dejad a los chicos solos)
Hey, teachers, leave them kids alone

(profesores, dejadnos solos)
All in all it’s just another brick in the wall

(todo esto es solo otro ladrillo en el muro)

 

 

RAFAEL RABAT
Economista
Socio Fundador de NORZ Patrimonia EAF, SL
Socio Fundador de GAR Investment Managers, SàRL

 

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1 Comentario

  1. Muy de acuerdo con el artículo, Rafa.
    En un mundo cada vez más dinámico y cambiante, los países (como España) que siguen anclados en sistemas educativos obsoletos, del siglo pasado y que, como mucho, se limitan a implementar reformas cosméticas o, en el peor de los casos, de contenido ideológico, se están quedando irremediablemente atrás…
    Esperemos que algún gobierno ponga, pronto y de una vez por todas, la educación de nuestras futuras generaciones en el top 3 de sus prioridades.

    PS: No es la solución, pero para aquellos padres que hayan sufrido al ver a sus hijos «aprender» durante el confinamiento y para aquellos hijos que sean capaces y quieran, de forma autónoma, ampliar o facilitar su aprendizaje, les recomiendo la web: http://www.khanacademy.org (Es gratuita y sin ánimo de lucro).

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