“Vinieron del otro lado del mar con una cruz y su codicia. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: “cierren los ojos y recen”, y cuando los abrimos, ellos tenían la tierra y nosotros nos quedamos con la Biblia.”
Jefe Pontiac (jefe indio de la tribu Lenape, indígenas norteamericanos, s. XVIII)
Las “big techs”
Dícese de los 5 grandes gigantes tecnológicos, también conocidos por el acrónimo de GAFAM obtenido a partir de sus iniciales, a saber, Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft.
Tienen sus sedes en los EE. UU. y son las 5 compañías más grandes del mundo con el permiso de la petrolera saudí Aramco que se cuela entre ellas.
Suman una capitalización bursátil (tamaño en dólares de una compañía obtenido al multiplicar el número de sus acciones por el valor de éstas en los mercados de valores donde cotizan) de aproximadamente 8,1 billones de dólares según los actuales datos del mercado.
Para tener conciencia de lo que representan 8 billones de dólares, cabe decir que, el PIB generado en España durante el pasado año 2020 fue de 1,27 billones de dólares, el de Alemania fue de 3,8 billones de dólares, y el de la zona euro fue de 12,9 billones de dólares.
Si las big techs crearan un país, serían el cuarto país más rico del mundo por detrás de la UE, considerada ésta como un único país, ya que sus integrantes estarían individualmente muy por debajo de ellas. Tan importante es su tamaño que, por ejemplo, Apple es mayor que el PIB anual de España. El tamaño de Amazon, Microsoft y Google también lo son.
La mayor de todas ellas es Apple con un tamaño de 2,13 billones de dólares, le siguen Microsoft con 1,87 billones, Amazon con 1,63 billones, Google con 1,54 billones, y la “pequeña” Facebook con 0,895 billones de dólares.
Estas 5 compañías dominan el comercio electrónico, el almacenamiento de datos en la nube, los altavoces basados en la inteligencia artificial, los smartphones, la publicidad digital, las redes sociales, el intercambio de imágenes y los mensajes en línea, el uso compartido de vídeos, la navegación basada en mapas en línea, los sistemas operativos para móviles y escritorios, el software de productividad de oficina y los videojuegos.
Las big tech han creado un inmenso y lucrativo oligopolio de un tamaño inconmensurable que genera miles de millones de dólares de ingresos y beneficios anuales (ingresos de 267.000 millones de dólares sólo durante los 3 primeros meses del 2021, y 62.100 millones de dólares de beneficios durante el mismo período del año).
Dominan todos nuestros datos.
Y el mundo ha comenzado a alarmarse por su indiscutible liderazgo mundial.
Los antecedentes: el capitalismo, la confianza y el crédito
El mundo académico da más o menos por consensuado que el capitalismo como sistema económico apareció en Europa durante el s. XVI como sustitución del sistema feudal que había imperado hasta entonces.
Todos conocemos la palabra, pero ¿qué es realmente el capitalismo?
Preguntándole al servidor de Google, nos ofrece la siguiente definición:
“El capitalismo es un sistema económico y social basado en la propiedad privada de los medios de producción, en la importancia del capital como generador de riqueza y en la asignación de los recursos a través del mecanismo del mercado.”
Para que se desarrolle el capitalismo necesitamos que exista la propiedad privada, un capital (no exclusivamente dinero, sino en general todo aquello que supone un recurso productivo como dinero, mano de obra, herramientas, maquinaria, edificios para fábricas y oficinas, ordenadores, etc…) y unos mercados; pero además, también es necesario que existan unas leyes y unas instituciones que los salvaguarden y defiendan para que el sistema sea estable y generar confianza.
Lo más interesante de la filosofía capitalista es que nos dice que el capitalismo es un “sistema de libertad natural”, donde “el libre ejercicio del interés individual de beneficiarse para sí mismo (el empresario), hace que, sin proponérselo, acabe también beneficiando al bien común (trabajadores, familias, Estados, etc…) gracias a los mercados libres”, Adam Smith (1723-1790), economista escocés padre de la economía moderna.
Dicho de otro modo, la filosofía capitalista presupone que en su búsqueda de maximizar el beneficio económico, el empresario acabará por trasladar parte del beneficio obtenido invirtiéndolo para contratar más mano de obra, más herramientas, más maquinaria, más ordenadores, y construir más edificios para albergar más fábricas y oficinas, en su afán de obtener más beneficios económicos… produciéndose una especie de círculo virtuoso de obtención de beneficio, inversión, contratación de más recursos productivos, y más beneficio.
Pero el círculo virtuoso sólo funciona cuando existe la confianza.
Volvemos a tomar Google (siempre digo que “Google is God”), y vemos que la confianza viene definida más o menos como “la esperanza firme que se tiene en que algo suceda o en que alguien actúe de una forma determinada.”
Y es que el auge del capitalismo desde el s. XVI hasta nuestros días se ha basado en la concesión de crédito, entendido éste (de nuevo Google) como “la posibilidad que se tiene de obtener recursos productivos prestados sin tener que devolverlos inmediatamente”, o también, como la posibilidad de cambiar riquezas presentes por riquezas futuras.
Esto es la base de la evolución capitalista. La quinta esencia del capitalismo es el crédito. Y sin confianza, ¡no hay crédito!
El crédito parte de la idea de cambiar presente por futuro. Si el prestador no confía en que en el futuro ocurrirá lo que el prestatario dice, en el presente no le prestará el recurso necesario para desarrollar su proyecto, o bien le exigirá tantas garantías y compromisos que el proyecto nacerá prácticamente muerto.
Cabe recordar esto… para desarrollar el sistema capitalista, es muy importante cambiar recursos presentes por futuros, y para ello se necesita confianza… mucha confianza en las empresas y en los emprendedores.
Siempre ha existido el crédito… pero no siempre han existido los sistemas adecuados para generar la suficiente confianza para desarrollarlo al máximo.
Los diferentes reinos e imperios que han existido a lo largo de la historia no han sido grandes generadores de confianza.
Su existencia se basaba en la conquista de territorios que aportaran mano de obra barata (esclavos), nuevas materias primas con las que comerciar y nuevos territorios de los que obtener tributos para poder financiar ejércitos con los que emprender nuevas campañas de conquista.
En aquellas épocas no había muchos prestamistas que alegremente prestaran sus excedentes de riqueza a un rey o a un emperador o a un señor feudal, ya que era bastante común que al reclamar su pago, el gobernante de turno tuviera cierta tendencia natural a proclamar su ejecución (condonación forzosa de la deuda), o excomulgación y expulsión del territorio (nacionalización forzosa de la propiedad ajena).
La invención de Inquisiciones varias y otras diversas cazas de brujas siempre sirvieron a los intereses de muchos gobernantes para obtener condonaciones y nacionalizaciones impunes.
Así pues, el negocio de cambiar riqueza presente por riqueza futura que es la base del crédito no era un negocio muy floreciente por aquellos días. Sí se producía entre mercaderes que se autorregulaban y agrupaban en gremios y cofradías, pero cuando un reino o un imperio necesitaba financiación para sus requerimientos expansionistas, toda regla quedaba al margen, y lo mejor era emigrar a tierras más propicias para el comercio.
Ser prestamista era una profesión de riesgo al no haber leyes e instituciones que salvaguardaran la propiedad privada. Y esto no generaba confianza en el sistema. Por lo que el crédito era escaso y cuando lo había, era muy a corto plazo y a condiciones muy draconianas, lo que hacía imposible la generalización de la riqueza entre la población.
Las sociedades mercantiles: los audaces ingleses y holandeses
Si bien las primeras sociedades tienen su origen en el antiguo imperio romano (las universitas), y en la época medieval los comerciantes promovieron algunas asociaciones, no fue hasta el s. XVII en que surgen las primeras sociedades mercantiles modernas, las “Compañías de las Indias”.
En contraposición a la expansión colonial americana de españoles y portugueses durante los ss. XVI y XVII, y durante la guerra de los 80 años que supuso la independencia de los territorios de los Países Bajos del Imperio español, los holandeses crean el concepto de sociedad mercantil moderna.
La pérdida de poder de los señores feudales en los territorios de los Países Bajos hizo florecer una burguesía mercantil autóctona que busca abrir nuevos mercados y trata de evitar los riesgos de estar supeditados a un Imperio. Crean las “Compañías de las Indias” como nombre genérico de todo lo que suponía agregar nuevos territorios sin el riesgo de ser confiscados, controlados o nacionalizados por algún Imperio como sucedía hasta entonces.
Así surgen la “Compañía británica de las Indias Orientales” (1600), la “Compañía holandesa de las Indias Orientales” (1602), la “Compañía holandesa de las Indias Occidentales” (1621), la “Compañía francesa de las Indias Orientales” (1664), o la “Compañía de la Bahía de Hudson” (1670).
Pero lo más importante es que introducían conceptos muy novedosos como el limitar los riesgos de las nuevas empresas tomando dinero de muchos pequeños ahorradores (se repartía el riesgo y el beneficio de la empresa), crear certificados de propiedad sobre cada participación que otorgaba legalmente la titularidad de una parte del beneficio, y crear mercados de valores donde se compraban y vendían dichos certificados fluctuando su precio según los éxitos o fracasos en las conquistas de nuevos territorios y sus capacidades de abrir nuevos mercados (Bolsa de Amsterdam).
Pusieron las piedras angulares de nuestro sistema actual.
Dichas Compañías de Indias llegaron a funcionar durante más de 200 años y se convirtieron en estados dentro de los propios Imperios.
Tenían sus propios ejércitos de mercenarios más numerosos que los ejércitos de los Imperios, y tenían la potestad de poder invadir territorios y de llegar a acuerdos según sus propios intereses. Incluso podían emitir sus propias monedas.
La historia siempre se repite
Salvando estos 400 años de historia… ¿las Compañías de Indias no les suena a algo muy moderno?
Las “big techs” parecen estados dentro de Estados. Son mayores que el PIB de muchos Estados. Tienen miles de personas trabajando para ellas, y alguna de ellas expresaron ya su interés en acuñar su propia moneda (en junio de 2019 Facebook anunció su interés por lanzar la cryptomoneda denominada “libra” para transacciones dentro de su territorio virtual).
De los 3 poderes más influyentes de la historia del mundo (dinero, política y religión), al menos 2 de ellos los temen: la banca tradicional y los Estados.
Durante este año 2021, Facebook ha alcanzado la cifra de 2.740 millones de usuarios de su plataforma.
¿Se imaginan un Estado de 2.740 millones de personas?… en el 2021 China ha alcanzado un número de habitantes de 1.400 millones de personas.
¿Se imaginan qué pasaría si estos 2.740 millones de personas comienzan a utilizar una nueva moneda llamada “libra” no supervisada por ningún Banco Central oficial?… se estima que actualmente existen 100 millones de usuarios de la cryptomoneda “bitcoin” y 53 millones de comerciantes de bitcoins.
¿Se imaginan que los 2.740 millones de usuarios de Facebook empezaran a comerciar entre ellos a través de su plataforma comprando y vendiendo mercancías virtuales y reales, respaldándose cada transacción por la seguridad y el anonimato de la tecnología “blockchain”, cobrando y pagando en su cryptomoneda “libra” aplicando comisiones muy inferiores a las bancarias por cada transacción?… ¿y se imaginan que además se pudieran conceder créditos en “libras” para fomentar dicho comercio?.
Y si a todo lo anterior ahora le suman los 2.000 millones de usuarios de la tecnología Android de Google, o los 1.000 millones de usuarios de la tecnología IOS de Apple, y le añaden una plataforma de comercio electrónico tan potente como Amazon una logística ya creada que permite hacer llegar cualquier mercancía en tiempo record a cualquier destino del planeta conectando vendedores con compradores.
Anonimato, seguridad, moneda de intercambio, canales de distribución y logística, confianza, crédito… un nuevo paradigma del capitalismo y el libre mercado.
El colonialismo fue un invento europeo consecuencia del capitalismo. Antes de él los Imperios habían conquistado territorios para que su clase dirigente pudiera subsistir. El colonialismo conquistó territorios para comerciar y enriquecer a una nueva clase burguesa. Los efectos fueron siempre devastadores para las poblaciones indígenas autóctonas, pero también favorecieron el desarrollo social, cultural, económico y tecnológico. Fue la primera globalización.
Las Compañías de las Indias acabaron exigiendo a los Imperios su ayuda militar a cambio de los impuestos que les pagaban. Y cuando las colonias se fueron perdiendo durante buena parte de los ss. XIX y XX, acabaron siendo engullidas por los Estados que las habían otorgado.
Al final, la historia siempre es la misma… o como dice el dicho: “el mismo perro, pero con diferente collar”. Aprendamos de lo que se hizo mal en la primera globalización y tomemos lo positivo para mejorar la segunda.