El socio-liberalismo que nos mostró la Escuela de Salamanca

” Hicimos cuanto supimos, cuanto debimos y cuanto pudimos por nuestra patria”
(Juan Álvarez Mendizábal, político liberal y hombre de negocios español, 1790 – 1853)

LA IDENTIDAD POLÍTICA

Cada vez que entramos en campañas electorales, lo que últimamente ocurre muy a menudo, me surge la necesidad interna de encontrar aquella filosofía política que encaje perfectamente con mi forma de ser y de pensar. No se trata de buscar líderes o partidos políticos, sino aquello más profundo que nos define y que suele ser una combinación de pedazos de uno y otro sitio. Lo que comúnmente se conoce como una filosofía Frankenstein, o una tendencia política “cócktel” por estar hecha a partir de ingredientes escogidos de unos y otros.

Será cosa de la edad, pero a medida que me hago mayor veo que las verdades únicas y absolutas sobre todo no existen, y que en cambio todo es un devenir de realidades relativas constantemente matizables y, por supuesto, temporales. Es por eso por lo que se me hace muy difícil identificarme plenamente con una filosofía política, y mucho menos con las aplicaciones prácticas que se hacen de cada una de ellas.

Pero tengo que agradecer a mi permanente frustración que por ella sigo con mi búsqueda introspectiva de tendencias políticas con la esperanza de encontrar el santo grial: aquella filosofía política con la que coincida más plenamente. Dicen que sentirnos que pertenecemos a algo nos da cierta seguridad y confianza, pero, en cualquier caso, nos ayuda a veces a identificarnos y definirnos

Hoy puedo decir sin lugar a duda que creo haber encontrado la etiqueta que buscaba, aquella con la que me podría sentir más cómodo en la mayoría de las situaciones de la vida. Y también creo que, muy a mi pesar, no hay un partido político que la esté llevando a cabo, cuando creo que habría un amplio número de personas coincidentes con sus principios. La etiqueta es la del SOCIO-LIBERALISMO.

¿QUÉ ES EL SOCIO-LIBERALISMO?

Se define como socio-liberalismo a la corriente del liberalismo que coloca en el centro de su pensamiento el desarrollo de los seres humanos en su interacción social.

Al socio-liberalismo se le conoce en norte américa como liberalismo moderno, en España como liberalismo progresista y en el Reino Unido como nuevo liberalismo.

Se trata de una teoría de origen europeo basada en las corrientes racionalistas ilustradas de Kant y Voltaire, así como en el liberalismo de John Locke. Sus máximos representantes teóricos son el español Juan Álvarez Mendizábal (1790-1853) y el británico John Stuart Mill (1806-1873).

Pero ¿qué predica realmente el socio-liberalismo? “El socio-liberalismo se opone al autoritarismo y busca involucrar a los seres humanos en el proceso de toma de decisiones, de ahí su énfasis en la democracia. Nace como una corriente progresista del liberalismo clásico introduciendo el concepto de “justicia social” y “democracia liberal”, y en el plano económico, propone una intervención moderada del Estado que impida la formación de monopolios dejando libertad de mercado, siendo la función del Estado la de garantizar la igualdad de oportunidades entre todos fomentando el desarrollo personal y la libertad de todos los individuos, pero en ningún caso sustituirlos en la toma de decisiones bajo una visión paternalista.”

El socio-liberalismo trata al ciudadano como un sujeto adulto plenamente capaz de tomar sus propias decisiones, siendo la función del Estado tan sólo la de garantizar que dichas decisiones sean siempre tomadas en total libertad por el individuo, es decir, sin ningún tipo de condicionamiento socioeconómico que, por razón de raza, género, religión o clase social, las pudiera desvirtuar y manipular.

Siempre se me habían mostrado como antagónicos la consecución de los objetivos sociales a la vez que los económicos, y me parecía muy injusto que esto tuviera que ser así. El hecho de que a priori parecieran como una especie de agua y aceite donde sus diferentes densidades y polaridades les hacían imposible su mezcla, no debería significar que no pudiera haber alguna clase de combinación posible que, utilizando algún condicionante adicional, permitiera obtener una mezcla estable. ¡Cómo siempre acabo diciendo, que algo no se vea no significa que no exista!

En mi opinión, cualquier dirigente político debería tener como objetivo único y más importante el encontrar la fórmula mágica que pudiera mezclar el agua con el aceite. Y el socio-liberalismo parece que tiene este objetivo: optimizar los beneficios sociales de las corrientes socio-demócratas con los beneficios económicos de las corrientes liberales, y todo dentro de un marco de democracia salvaguardada por el Estado y sus instituciones, donde la libertad de los individuos y la libertad de los mercados sean conceptos complementarios.

En medio de mi éxtasis intelectual por el descubrimiento de la piedra filosofal, leí algo que despertó todavía más mi curiosidad y que me hizo indagar e investigar sobre ello.

Se consideraba que los ideales más primigenios del socio-liberalismo podían tener sus raíces en dos fuentes: en el “humanismo renacentista”, y en la “Escuela de Salamanca”.

Del humanismo renacentista me considero un ferviente seguidor. El Renacimiento supuso acabar con una larga época oscura, la de la Edad Media, y el “renacer” de las luces gracias al desarrollo de la ciencia y de las artes, lo que permitió que resurgiera la filosofía humanista de la tradición grecorromana pérdida durante siglos y que tanta sabiduría había generado. Es esa sabiduría grecorromana que define nuestro origen como europeos y nuestra cultura occidental, tanto con sus luces como con sus sombras.

Y de la Escuela de Salamanca no tenía más que alguna ligera referencia de alguna clase de macroeconomía o política económica de mis años en la Facultad, o de algún ensayo sobre teoría económica. Pero siempre surgía el nombre como referencias lejanas y poco profundas. Casi más como una anécdota que como un estudio profundo.

Creo que todos los que hemos sido formados en ciencias económicas, tenemos muy claro que al escocés Adam Smith (s. XVIII) se le consideraba el padre de la economía moderna, que a Marx y a Engels (s. XIX) se les tenía como los padres del socialismo, que a Alfred Marshall (s. XIX) se le asignaba la paternidad del neoclasicismo económico, que a John Maynard Keynes (s. XX) se le concedía la paternidad de las teorías macroeconómicas contemporáneas, que a Milton Friedman (s. XX) se le hacía padre de las corrientes monetaristas, y que a la influyente escuela austríaca (ss. XIX-XX) se le otorgaba la paternidad de la defensa del libre mercado, pero, entre tanta paternidad concedida, la Escuela de Salamanca (s. XVI-XVII) pasaba de soslayo por la época donde se gestó precisamente al abuelo de nuestro sistema capitalista actual: el Mercantilismo.

Era imposible que una escuela de pensamiento económico que se le atribuían los primeros ideales socio-liberales y que existió en la época del Mercantilismo, no hubiera tenido una influencia más importante en las corrientes económicas y de pensamiento posteriores.

LA ESCUELA DE SALAMANCA

Hacía poco del descubrimiento de América por Colón. El emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico acababa de acceder al poder, y con él la casa de los Austrias. Era el inicio de la era en que en el imperio español “no se ponía el sol”. El siglo de oro, donde las letras, el arte y el pensamiento florecían después de siglos de Edad Media y oscuridad, y también la época donde la sagrada Inquisición campaba a sus anchas.

Como consecuencia de este vasto imperio donde coexistían tierras y culturas muy lejanas y diversas, desde América hasta Filipinas pasando por Flandes y por Nápoles y Sicilia, el comercio empieza a fluir.

Es en este crisol de civilizaciones favorecido por el incesante comercio donde se funden las nuevas luces del pensamiento y, en él, de entre la orden religiosa de los dominicos, surgen una serie de profesores de la Universidad de Salamanca, que, ante cuestiones planteadas por los nuevos comerciantes, comienzan a teorizar sobre cómo afrontar los nuevos problemas que la vida traía y que chocaban con las antiguas disposiciones medievales en ámbitos tan dispares como los de la moral, el Derecho y la justicia, la guerra, o la economía.

Fue de la mano de un grupo de intelectuales religiosos españoles, de entre los que se destacaría a Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Luis de Molina o Martín Azpilicueta, que se creó el que puede ser considerado como el primer “Think-Tank” europeo, el cual tuvo mucha influencia en el pensamiento del mundo “renacido” de los ss. XVI y XVII, y que cayó en el más absoluto de los olvidos hasta que el gran economista austríaco, Joseph Schumpeter, los recuperó en su obra del s. XX.

¡Unos 3 siglos de olvido absoluto!

Antecedentes y principales pilares ideológicos

Corría el año 1517 cuando el dominico y profesor universitario fray Francisco de Vitoria, fue consultado por comerciantes españoles afincados en Amberes sobre la legitimidad moral de comerciar para incrementar la riqueza personal, o lo que es lo mismo, sobre la legalidad del espíritu emprendedor. Cabe tener en cuenta que en el s. XIII, con el florecimiento de las órdenes mendicantes, las tesis imperantes insistían en la pobreza y en la hermandad de los hombres, con lo que no era bien vista la figura de los nuevos comerciantes y emprendedores que intentaban enriquecerse con sus negocios más de los que sería razonable para la propia supervivencia y la de sus familias.

Fray Francisco de Vitoria junto con otros teólogos, basándose en los principios de lo que consideraban la ley natural y, por lo tanto, persiguiendo el mismo fin de la hermandad de los hombres para dar respuesta a esos comerciantes, llegaron a la conclusión de que la ley natural estaba basada en la libre circulación de personas, de bienes y de ideas, y que esto fomentaba la hermandad de las personas. Esto me sorprendió mucho por su actualidad e importancia. Es tal su grado que las ideas fundacionales de la Unión Europea recaen en ellas, pero éstas ya fueron definidas por un grupo de dominicos excepcionales hacen, al menos, unos 500 años atrás.

Ver que los principios fundamentales de todo lo que supone la unión de la vieja Europa después de siglos de guerras internas fueron establecidos hace tanto tiempo por un grupo de intelectuales religiosos olvidados por la historia, hizo que quisiera redactar estas líneas como reconocimiento a su excepcional extraordinariedad, buscando poner un granito de arena para ayudar a su colocación en el lugar de la historia que creo que se merecen por cuanto nos han dado a los que hemos venido después.

Me parecieron excepcionales y extraordinarios porque gran parte de lo que he leído de sus tesis me parecen tremendamente modernas, o bien las actuales tesis son tremendamente antiguas, y porque nada sobre lo que teorizaron era evidente en el s. XVI, después de siglos de oscurantismo cultural promovido especialmente por la Iglesia y el sistema político medieval, por lo que el hecho de pertenecer a una orden religiosa todavía les da más valor, y más teniendo en cuenta la acción de la Inquisición.

Otro de los pilares fundamentales de su pensamiento siempre basado en lo que consideraban la ley natural es el que hacía referencia a la importancia del comerciante, o como hoy en día lo conocemos, del emprendedor, y del servicio que éste daba para la consecución del bienestar general de los hombres al fomentar el libre comercio y la globalización.

Pero si el comerciante o emprendedor era de vital importancia, también lo era otro concepto muy moderno, el de la propiedad privada, ya que, para ellos, era lo que estimulaba la actividad económica fomentando el bienestar general al considerar que los bienes, y los frutos que estos daban, eran mejor cuidados por un dueño que si lo eran por una propiedad comunal. Sólo en momentos de gran necesidad, consideraban que todas las cosas deberían ser comunes.

Así pues, me voy a quedar con 4 conceptos:

  1. El bienestar general se logra con la hermandad de los hombres;
  2. Fomento de la libre circulación de personas, bienes e ideas;
  3. Fomento de la emprendeduría, y;
  4. En condiciones de vida normales, predominio y salvaguarda de la propiedad privada frente a la comunal.

Son los 4 conceptos clave de nuestro mundo moderno que las clases políticas de nuestros días se empeñan continuamente en confrontar y enfrentar.

Son 4 conceptos que este extraordinario grupo de pensadores españoles de los ss. XVI y XVII consideraron que procedían de la ley natural y nos procuraban la hermandad de los pueblos como objetivo único a tener en cuenta. Una hermandad de los pueblos que supone la solidaridad, la unidad y la cooperación entre todos los habitantes del planeta con independencia de su raza, religión, nacionalidad, o cultura.

¡Qué idea tan fantástica y moderna el bienestar general a través de la hermandad de los pueblos!, una idea compartida por la ONU como uno de sus pilares máximos para construir un futuro mejor.

No hay nada como tener ideas y objetivos claros para tomar buenas decisiones. ¿Cómo sería la convivencia de nuestra especie si todos nosotros siempre pensáramos en última instancia en la “hermandad de las personas”? … de todas, no sólo de algunas.

El valor y el precio

Otra de las magníficas aportaciones a la economía moderna fueron los conceptos de valor y precio, así como de precio justo.

Para la Escuela de Salamanca, los precios debían determinarse por el equilibrio entre la oferta y la demanda de los diferentes bienes, aunque también debía tenerse en cuenta la justicia y la equidad, ya que los precios excesivamente altos los consideraban injustos e inmorales, y debían ser evitados.

Puesto que la utilidad de un bien variaba de persona a persona, su precio justo debería ser el que se alcanzase de mutuo acuerdo en un comercio libre, sin monopolio ni engaños y si fuera necesario, con la intervención del Estado sólo para aquellas mercancías consideradas como básicas y necesarias para la vida, pero descartando siempre la vieja teoría medieval del coste de producción como precio justo.

La traducción sería: sólo la oferta y la demanda puede realizar la correcta formación de los precios, pero se debe vigilar con la especulación que hace que los precios suban por encima del umbral de lo considerado justo. Y en caso de bienes básicos y necesarios, la intervención del Estado sería imprescindible.

¡Qué concepto también tan moderno!… en cuanto escribo estas líneas me pasa por la cabeza la polémica propuesta de introducir topes máximos a los precios de los alquileres de la vivienda.

¿Es justo y moral limitar la capacidad de beneficio de la propiedad privada?, ¿es justo y moral permitir que familias con rentas bajas no puedan acceder a un derecho fundamental como el que es el tener una vivienda digna?, ¿es justo y moral tratar a todos los propietarios y a todos los arrendatarios de igual manera? A priori creo que no hay una regla general que pueda aplicarse de manera única para todos los casos, pero lo que sí parece es que hay un conflicto entre moralidad social y justicia económica.

Inflación y Teoría cuantitativa del dinero

La llegada de gran cantidad de metales preciosos desde las nuevas tierras de América llamó la atención de la Escuela de Salamanca sobre el hecho del efecto que dicha llegada masiva tuvo en los niveles de precios del resto de los bienes.

Se constató que en aquellos lugares donde los metales preciosos eran escasos, los precios del resto de los bienes eran inferiores a los que existían en aquellos lugares donde había abundancia de metales preciosos, constatando como el metal precioso perdía poder adquisitivo respecto del resto de bienes en función de su abundancia. Cabe destacar que el oro y la plata eran utilizados para acuñar monedas y servían como medio de pago de transacciones comerciales de la época.

Se consideran sus planteamientos como los precursores de la moderna Teoría cuantitativa del dinero (Irving Fisher – 1911), la cual establece la relación existente entre la cantidad de dinero en circulación en la economía con el nivel de precios de esta, a través de la igualdad:

M * V= P * Y

donde:

M = cantidad de dinero
V = velocidad o nº de veces en que el dinero cambia de manos
P = nivel de precios
Y = demanda agregada

De nuevo un concepto económico moderno y muy presente en nuestros días. La gran cantidad de dinero existente en el sistema inyectado por los Bancos Centrales Nacionales durante años para paliar los efectos de las diferentes de crisis económicas, y los temores a que produzcan niveles muy elevados de inflación descontrolada.

Dinero e Interés

En la antigua economía medieval, los préstamos se generaban como consecuencia de cubrir necesidades vitales provocadas por las malas cosechas, los incendios en los talleres de los artesanos, pandemias y todo tipo de enfermedades, o cualquier otro tipo de penuria que arrastraba masivamente a grandes grupos de población hacia la hambruna, la enfermedad y la muerte.

Era por este motivo que estaba mal visto el cobro de intereses por el dinero prestado para cubrir estos hechos desgraciados, por lo que, si alguien pretendía obtener un beneficio por esas desgracias, se le consideraba “usurero” y la “usura” era perseguida por las autoridades tanto eclesiásticas como civiles y militares de la época.

El Renacimiento y el aumento del comercio hizo que los emprendedores necesitasen dinero para iniciar nuevos negocios que pretendían que fuesen muy lucrativos para ellos. Esto cambió la perspectiva que se tenía sobre el préstamo y sobre el cobro y el pago de intereses por él.

Aquí hubo discrepancias en el seno de la Escuela de Salamanca, pero en general, se consideró que el cobro y el pago de intereses para un préstamo a un comerciante estaba justificado ya que; la persona que recibía el préstamo obtenía un beneficio a costa del dinero obtenido, el interés se podía considerar como una prima por el riesgo del prestatario a perder su dinero, y el prestatario perdía la posibilidad de utilizar ese dinero en otra cosa.

Es muy interesante comprobar como de nuevo se introducen conceptos clave y muy modernos sobre el funcionamiento de la economía moderna. Por un lado, se considera al dinero como una mercancía por la que su tenedor puede obtener un beneficio, por lo que cabe el cobrar un interés por él si se presta para tal fin. Por otro lado, se considera la influencia del tiempo, por la que es preferible recibir un dinero ahora que el recibirlo en un futuro. En este caso el interés supone el pago del tiempo. Y, ¿qué hubiera sido del capitalismo sin la influencia del préstamo?

RAFAEL RABAT
Economista de vocación y Financiero de formación
Socio Fundador de NORZ Patrimonia y de GAR Investment Managers

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